Rol del Cardiólogo en la evaluación post Covid-19 dudas y certezas, imperdible reporte de la Federación Argentina de Cardiología

Rol del Cardiólogo en la evaluación post Covid-19 dudas y certezas, imperdible reporte de la Federación Argentina de Cardiología

9 Febrero 2021 |Autor:Dr.Alejandro Gómez Monroy |0 visitas

Dudas y certezas en la evolución post-COVID: rol del cardiólogo en la evaluación estructurada
de pacientes recuperados.
• Muy interesante reporte de la Federación Argentina de Cardiología (FAC) del rol del Cardiólogo en la evaluación de esta nueva envermedad multiorgánica post Covid 19, ya sea leve o severo. Dudas y certezas del día de hoy en la evaluación y conductas a seguir por el cardiólogo en estos pacientes.

Imperdible reporte de los Dres. Lilia Luz Lobo Marquez, Diego Federico Echazarreta, Eduardo R. Perna, Daniel Piskorz, Sergio Perrone, Luis Aguinaga, Gerardo Zapata, de verdades de actuales, aunque que como bien advierten los autores podrían cambiar dada la dinámica del problema.

Dr. Alejandro M. Gómez Monroy


Dudas y certezas en la evolución post-COVID-19: rol del cardiólogo en la evaluación estructurada de pacientes recuperados.

• Reporte de la Federación Argentina de Cardiología (FAC).

Doubts and certainties in post-COVID-19 outcome: role of the cardiologist in the structured evaluation of recovered patientsa.

• Report of the Argentine Federation of Cardiology (FAC).

Lilia Luz Lobo Marquez, Diego Federico Echazarreta, Eduardo R. Perna, Daniel Piskorz, Sergio Perrone, Luis Aguinaga, Gerardo Zapata. En representación de la Federación Argentina de Cardiología (FAC). Buenos Aires, Argentina


INFORMACIÓN DEL ARTíCULO

Recibido el 21 de enero de 2021
Aceptado el 29 de enero de 2021

www.revistafac.org.ar

Los autores declaran no tener conflicto de intereses

Palabras clave:

COVID-19.

Síndrome post-COVID-19. Pandemia.

Keywords:

COVID-19.

Post-COVID-19 syndrome. Pandemia

INTRODUCCIÓN


RESuMEN

El covid-19 post-agudo ("COVID largo") parece ser una enfermedad multisistémica, que a veces ocurre después de un episodio agudo de la enfermedad, incluso en casos relativamente leves. El manejo clínico de esta fase requiere una perspectiva integral del paciente.En este manuscrito se sugiere, a modo de propuesta, un algoritmo que incluya la forma de abordar las diferentes estra-
tegias de seguimiento considerando la presencia de todas las comorbilidades que condicionen la evolución del COVID, estratificando el riesgo acorde al cuadro clínico que caracterizó el curso de la enfermedad (desde el paciente asintomático al crítico). La frecuencia e intensidad de los controles posteriores al alta serán más próximos o alejados dependiendo de la gravedad del cua-
dro inicial. Debemos destacar que en esta estrategia de seguimiento, la clínica debe tener mayor impacto que un simple hallazgo de laboratorio aislado, aumento de un biomarcador o resultado en algún método de imagen. El uso criterioso de los métodos complementarios en el seguimiento ambulatorio deben ser orientados por el juicio clínico y evitar someter a los pacientes a estudios innecesarios ni generar gastos excesivos al ya exigido sistema sanitario.

Post-covid residual cardiovascular injury.

ABSTRACT

Post-acute COVID-19 ("long COVID") appears to be a multisistémica disease, sometimes occu-
rring after an acute episode of the disease, even in relatively mild cases. The clinical management
of this phase requires a comprehensive perspective of the patient. In this manuscript, a sugges-
tion is made, as a proposal, for an algorithm that includes the way to approach the different
follow-up strategies considering the presence of all comorbidities that condition the evolution
of COVID, stratifying the risk according to the clinical picture that characterized the course of
the disease (from the asymptomatic to the critical patient). The frequency and intensity of the
post-discharge controls will be closer or further away depending on the severity of the initial
condition. We must emphasize that the clinic should have a greater impact on our follow-up
strategy than a simple isolated laboratory finding or the increase of a biomarker or results in some
imaging method. The judicious use of follow-up methods must be guided by clinical judgment
and avoid subjecting patients to unnecessary studies or generating excessive costs for the already
demanded health system.

nombre en inglés Severe Acute Respiratory Syndrome Coronavi-

Autor para correspondencia: Dra Lilia Luz Lobo Márquez. Direcciòn postal: Av. Mitre 760 (4000) San Miguel de Tucumán. Tucumán, Argentina. e-mail: cucu@tucbbs.com.ar

Desde que fue descrita por primera vez en Wuhan - China a rus-2) se ha convertido rápidamente en una pandemia. Dada
fines del 2019 la aparición de la COVID-19 (de su nombre en la ferocidad y los efectos devastadores sobre los sistemas de
Ingles Corona Virus Disease 2019) provocada por el virus del salud en diferentes países del mundo se han implementado
Síndrome Respiratorio Agudo Severo 2 (SARS- CoV-2: de sudiversas medidas para reducir la tasa de propagación del vi-

rus y preparar el sistema de salud para tratar de detener el avance de la pandemia. Estas medidas han incluido la afec-
tación de los recursos sanitarios, el distanciamiento social y un cierre nacional de servicios no esenciales1.

El impacto en la atención médica ha sido dramático. Los
gobiernos han tenido que implementar nuevas estrategias
sanitarias, sociales y económicas en un esfuerzo por “apla-
nar la curva"2. Una de las consecuencias involuntarias de
la pandemia actual ha sido una reducción de las consultas
de los pacientes con otras condiciones de salud de carácter
crónico, en particular, aquellas de origen cardiovascular.
El COVID-19 post-agudo ("COVID largo") parece ser una
afección multi-sistémica, que a veces ocurre después de
un episodio agudo, incluso en casos relativamente leves3.
El manejo clínico de esta fase de la enfermedad requiere
una perspectiva integral del paciente4. En general, se pue-
den dividir en aquellos casos que pueden tener secuelas
graves (como complicaciones tromboembólicas) y aque-
llos con un cuadro clínico inespecífico, a menudo domi-
nado por la fatiga, la falta de aire pero que puede llegar
a trastornos neurológicos y/o cardiovasculares. Un tercer
grupo a desarrollar de forma individual es aquel cuya en-
fermedad aguda requirió cuidados intensivos y tiene la
necesidad de rehabilitación especializada5,6.

La definición de COVID-19 post-agudo es aquel que se
extiende más allá de las tres semanas desde el inicio de
los primeros síntomas y COVID-19 crónico a aquel que se
extiende más allá 12 semanas7. Dado que muchas perso-
nas no se realizaron pruebas y los falsos negativos suelen
presentarse en algunos casos, ha sido sugerido que no sea
un requisito una prueba positiva para su diagnóstico8.

Pero además, se debe reflexionar sobre el concepto de “re-
cuperación”, sobre lo cual no existe actualmente una de-
finición aceptada universalmente. La sola negatividad de
una prueba y el alta médica correspondiente, parecieran
no ser suficientes. Una determinación por reacción en ca-
dena de polimerasa (PCR) negativa o una prueba seroló-
gica de anticuerpos positiva tampoco significarían recupe-
ración. La definición debe incluir la duración, así como la
gravedad y la fluctuación de los síntomas, estado funcio-
nal y calidad de vida. Se impone entonces la necesidad de
seguimiento de las personas durante al menos seis meses
estableciendo registros locales. También sería necesario
establecer el daño de órganos y la presencia de síndrome
post-COVID o de fatiga crónica junto con biomarcadores
que permitan asociar la presencia de casos con persisten-
cia de síntomas y de respuesta inflamatoria9.

Alrededor del 8% de los pacientes que resultaron con
pruebas positivas para SARS-CoV-2 permanecen enfer-
mos más allá de tres semanas y una proporción menor
durante meses10. Esta estadística se basa en el estudio del
Reino Unido, en el que las personas ingresaban sus sín-
tomas en forma continua en una aplicación de teléfono
inteligente (smartphones)11. Este porcentaje es menor que
el citado en muchos estudios observacionales publicados,
cuyas poblaciones fueron las admitidas al hospital o asis-


tieron a clínicas especializadas. Un reciente estudio en EE.UU encontró que solo el 65% de las personas habían regresado a su nivel anterior de salud 14-21 días después de una prueba positiva.12 Inclusive se han sugerido dife-
rentes protocolos para el reingreso a la actividad física en pacientes recuperados de la infección13.

El objetivo de este artículo, como otros que contemplan recomendaciones para el reingreso a la actividad depor-
tiva14, está destinado a los médicos de todas las especiali-
dades, que evalúan pacientes en una fase de recuperación tardía de un episodio de COVID-19.

CLASIFICACIÓN

Se ha propuesto que en esta infección podrían existir dos procesos patológicos distintos y superpuestos con diferen-
tes niveles de gravedad; el primero desencadenado por el propio virus (fase en la que la patogenicidad viral es do-
minante) y el segundo gatillado por la respuesta del hués-
ped (fase en la que la respuesta inflamatoria del huésped supera la patología). Basados en este concepto se propuso el uso de un sistema de clasificación de 3 etapas de grave-
dad creciente, que se corresponden a diferentes hallazgos, resultados clínicos y respuesta a la terapia15.

Etapa I (leve)

Incluye el ingreso del virus al organismo y el estableci-
miento temprano de la enfermedad. El período de in-
cubación puede ser asintomático u oligosintomático, se
encuentra asociado a síntomas leves y a menudo ines-
pecíficos: malestar general, fiebre y tos seca. El modo de
transmisión es la vía aérea, donde la afinidad por los re-
ceptores pulmonares tipo 2 de la enzima convertidora de
angiotensina (ECA) permite ingresar al virus a las células
del endotelio alveolar.

La presentación clínica de la afección pulmonar se caracte-
riza por síntomas respiratorios y sistémicos leves. El diag-
nóstico en esta etapa se realiza mediante la utilización de
una prueba de detección de antígenos o una reacción de
PCR en muestras respiratorias o el análisis del suero para
IgG o IgM de SARS-CoV-2, dependiendo del período post
contagio en que se encuentre el paciente, imágenes de tó-
rax (radiografía + tomografía axial computada), hemogra-
ma completo y pruebas de función hepática. El recuento
sanguíneo completo puede revelar linfopenia y neutrofilia
sin otras anomalías significativas.

El tratamiento en esta etapa se dirige principalmente al
alivio de los síntomas. Si bien las terapias antivirales uti-
lizadas no han podido demostrar hasta el momento un
cambio significativo en la evolución de la enfermedad (p.
ej.: remdesivir, lopinavir y ritonavir) podría implementarse
a pacientes seleccionados para reducir la duración de los
síntomas, minimizar el contagio y prevenir la progresión
de la gravedad. En pacientes que pueden mantener el vi-
rus limitado a esta etapa, el pronóstico y la recuperación
son excelentes 16.

Etapa II (moderada) la troponina (7-17%), insuficiencia cardíaca aguda, arrit-


Puede dividirse en dos grupos: afectación pulmonar sin
hipoxia (IIa) y con hipoxia (IIb). En este escenario la mul-
tiplicación viral y la inflamación localizada en el pulmón
son la forma de presentación más frecuente. Se caracteri-
za por una neumonía viral, con tos, fiebre y posiblemen-
te hipoxia (definida como PaO2/FiO2 < 300 mmHg). Las
imágenes con radiografía de tórax o tomografía computa-
rizada (TC) revelan infiltrados bilaterales u opacidades en
vidrio esmerilado. Los análisis de sangre revelan mayor
linfopenia y aumento de transaminasas. En la mayoría de
los casos de neumonía por COVID-19 la procalcitonina
sérica es normal a baja. Los marcadores de inflamación
sistémica pueden estar elevados, pero no de manera nota-
ble. Es en esta etapa donde muchos pacientes necesitan ser
hospitalizados para una observación, monitoreo y manejo
minuciosos. El tratamiento apunta fundamentalmente a
medidas de apoyo.

En el estadio temprano IIa se puede evitar el uso de este-
roides, sin embargo, si se produce hipoxia (IIb) es probable que los pacientes progresen y requieran ventilación mecá-
nica, y en esa situación el uso de terapia antiinflamatoria con corticosteroides, anti IL-6 (tocilizumab, sarilumab), anti-factor de necrosis tumoral, inhibidor de JAK1/JAK2 (baricitinib) o inmunomoduladores como los inhibidores de la proteína MASP2 (narsoplimab), empleados en forma criteriosa podrían ser de utilidad.

Etapa III (grave)

Una minoría de pacientes con COVID-19 pasará a la ter-
cera y más grave etapa de la enfermedad: el síndrome
de hiperinflamación sistémica extrapulmonar. Se detecta
disminución de linfocitos T auxiliares, supresores y regu-
ladores. Los marcadores de inflamación sistémica están
elevados: citoquinas, IL-2, IL-6, IL-7, factor estimulante
de colonia de granulocitos, proteína inflamatoria de ma-
crófagos 1-α, factor de necrosis tumoral α, proteína C re-
activa, ferritina y dímero D. La troponina y el pro-BNP
también pueden estar elevados. El aumento de troponina
puede o no presentar evidencia de injuria miocárdica. El
laboratorio presenta parámetros de coagulación anormal
(p. ej.: tiempo de protrombina prolongado, trombocitope-
nia, dímero D elevado (46% de los casos) y fibrinógeno
bajo. Estos hallazgos sumados a la inflamación del tejido
pulmonar y células endoteliales pulmonares pueden dar
lugar a la formación de microtrombos y contribuir a la alta
incidencia de complicaciones trombóticas. En algunos ca-
sos, en etapa avanzada, puede ocurrir una forma de pre-
sentación similar a la linfohistiocitosis hemofagocítica se-
cundaria con casos de shock, vasoplejía, insuficiencia res-
piratoria e incluso colapso cardiopulmonar. La afectación
sistémica puede ocurrir en esta etapa de la enfermedad17.
Las complicaciones más frecuentes entre pacientes hos-
pitalizadosconCOVID-19incluyenneumonía (75%),
síndrome de dificultad respiratoria aguda (15%) lesión
hepática aguda (19%), lesión cardíaca con elevación de

mias y miocarditis. La coagulopatía protrombótica puede producir eventos tromboembólicos venosos y arteriales (10-25%) tales como trombosis venosa profunda, embolia pulmonar y complicaciones trombóticas arteriales (p. ej.: isquemia de las extremidades, accidente cerebrovascular isquémico e infarto de miocardio). Otras complicaciones son la lesión renal aguda (9%), manifestaciones neurológi-
cas (alteración de la conciencia [8%], enfermedad cerebro-
vascular aguda [3%] y shock (6%))18,19,20,21,22,23,24 .

La mayor incidencia de estas complicaciones ocurren en
pacientes añosos y con comorbilidades previas, las cua-
les son más frecuentes en aquellos que requieren hospi-
talización (60-90%) que los que no la requieren (25%). Las
comorbilidades más comunes en los hospitalizados son
hipertensión (48-57%),diabetes (17-34%),enfermedad
cardiovascular (21-28%), enfermedad pulmonar crónica
(4-10%), enfermedad renal crónica (3-13%), malignidad
(6-8%) y enfermedad hepática crónica (<5%)25,26,27,28.

Más del 75% de los pacientes hospitalizados con CO-
VID-19 requieren terapia con oxígeno suplementario y
aquellos que no responden son candidatos a cánula nasal
con oxígeno de alto flujo. Para los que requieren asistencia
mecánica invasiva, incluso en pacientes con insuficiencia
respiratoria relacionada con alta distensibilidad pulmo-
nar, se recomienda una ventilación que proteja el pulmón
con volumen tidal bajo (4-8 ml/kg, peso corporal previsto)
y presión de meseta inferior a 30 mmHg29. Para facilitar la
oxigenación se sugiere la posición en decúbito prono a fin
de alcanzar una mayorpresión positiva espiratoria final30.
El umbral para la intubación en insuficiencia respiratoria
relacionada con COVID-19 es controvertido ya que algu-
nos enfermos pueden presentarse con trabajo respiratorio
normal pero hipoxemia severa31. En ellos, la hipoxemia
parece ser bien tolerada y si bien la intubación "más tem-
prana" daría tiempo para un proceso controlado y seguro,
podría resultar en una ventilación mecánica innecesaria
que expone a complicaciones adicionales. A la fecha no
existe evidencia suficiente para hacer recomendaciones
con respecto al mejor momento de la intubación (precoz
vs tardía).

En estudios observacionales, aproximadamente el 8% de los pacientes hospitalizados con COVID-19 experimentan una co-infección bacteriana o fúngica, pero hasta un 72% son tratados con antibióticos de amplio espectro32.

La terapia personalizada en este estadio se basa en el uso
de diferentes agentes terapéuticos, algunos de ellos de
uso compasivo. En esta fase se ha propuesto anticuerpos
(plasma de convalecientes, inmunoglobulinas hiperinmu-
nes), agentes antiinflamatorios (dexametasona, estatinas),
terapiasinmunomoduladoras (tocilizumab,sarilumab,
anakinra, ruxolitinib), anticoagulantes (heparina) y anti-
fibróticos (inhibidores de tirosina quinasa). Los estudios
con corticosteroides para la neumonía viral y el síndrome
de distrés respiratorio agudo (SDRA) han arrojado resul-
tados mixtos. Sin embargo, el análisis de la evaluación

aleatorizada de terapia para el COVID-19 (RECOVERY)33,
que asignó al azar a 2104 pacientes con COVID-19 para
recibir 6 mg diarios de dexametasona hasta 10 días y 4321
para recibir la atención habitual, encontró que la dexame-
tasona redujo la mortalidad por todas las causas a los 28
días (21,6% frente a 24,6%; riesgo relativo ajustado a edad
0,83; intervalo de confianza del 95% 0,74-0,92; p<0,001).
El beneficio fue mayor en pacientes con síntomas durante
más de 7 días y en los que necesitaban ventilación mecá-
nica34. Es probable quelas diferentes modalidades de tra-
tamiento, puedan tener diferentes eficacias en las distintas
etapas y manifestaciones de la enfermedad, es asi que la
inhibición viral se esperaría que fuera más eficaz al inicio
de la infección, mientras que en pacientes hospitalizados,
los agentes inmunomoduladores pueden ser útiles para
prevenir la progresión de la enfermedad y los anticoagu-
lantes para prevenir las complicaciones tromboembólicas.

El después

Al momento de la redacción de este artículo se estima que aproximadamente 44 millones de personas en todo el mundo se han “recuperado” tras contraer esta infección, aunque existen informes de pacientes con síntomas gra-
ves e incluso disfunción orgánica persistente. No existe, al día de hoy, una definición consensuada de COVID-19 post-agudo. Según el COVID Symptom Study, en el que más de cuatro millones de personas ingresaron sus sínto-
mas después del diagnóstico, el COVID-19 post-agudo se define como la presencia de síntomas más allá de las tres semanas posterior al inicio, y COVID-19 crónico el que se extiende más allá de las doce semanas.

Los síntomas de COVID-19 post-agudo varían amplia-
mente y el manejo actualmente se basa en evidencia limi-
tada. Si bien las causas por las cuales se prolonga la recu-
peración en algunos individuos no han sido claramente
establecidas; diversos factores como la viremia persistente
debido a una respuesta de anticuerpos débil o ausente, re-
caída o reinfección, reacciones inflamatorias, otro tipo de
reacción inmunes, el desacondicionamiento, sobreinfec-
ciones y factores mentales como el estrés postraumático,
actuando de manera aislada o combinada pueden contri-
buir a su persistencia.3,35,36,37.

Las secuelas a largo término de tipo respiratorio, mus-
culo-esquelético y neuropsiquiátricas fueron descriptas
en otros coronavirus (SARS y MERS) y estos tienen para-
lelos fisiopatológicos con la COVID-1938. Incluso formas
leve pueden estar asociadas con síntomas a largo plazo,
más comúnmente tos, fiebre baja y fatiga, todos los cua-
les pueden repetirse o remitir. Otros síntomas reportados
incluyen dificultad para respirar, dolor de pecho, dolores
de cabeza, dificultades neurocognitivas, dolores muscu-
lares y debilidad, malestar gastrointestinal, erupciones
cutáneas, alteración metabólica (control dificultoso de la
diabetes), enfermedades tromboembólicas y depresión y
otras enfermedades mentales. Las erupciones cutáneas
pueden adoptar muchas formas, incluidas vesiculares,

maculopapulares, urticariales o lesiones similares a saba-
ñones (el llamado dedo COVID). Estos casos no necesitan derivación o evaluación ulterior si el paciente se encuentra en buen estado clínico39,40.

En general, se reconoce el síndrome post-agudo en pacien-
tes que están en recuperación de una enfermedad grave,
en particular, si requirió internación en una unidad de cui-
dados intensivos aunque no está circunscripto a este gru-
po41. En una encuesta realizada por los Centers for Disease
Control and Prevention en adultos con un resultado positi-
vo, el 35% de los 274 encuestados sintomáticos informaron
que no regresaron a su estado de salud habitual, dos sema-
nas o más después de la prueba positiva, y la edad mayor
de 50 años y la presencia de tres o más comorbilidades
crónicas se asociaron a esta situación42,43. Los síntomas re-
portados con mayor frecuencia después de una infección
por COVID-19 fueron fatiga y disnea, le siguieron el dolor
en las articulaciones y en el pecho. También se ha infor-
mado disfunción de órganos principalmente corazón, pul-
mones y cerebro. Desde el punto de vista de la patogenia,
estas complicaciones pueden ser consecuencia de la inva-
sión directa del virus en el tejido, inflamación profunda,
tormenta de citoquinas, daños relacionados con el sistema
inmunológico, estado de hipercoagulabilidad, sobreinfec-
ciones o una combinación de todos estos factores.

Hallazgos cardiovasculares

Muchos de los hallazgos subagudos y crónicos a nivel car-
diovascular son inespecíficos y pueden incluir síntomas como disnea, fatiga, debilidad y tos, aunque los más preo-
cupantes incluyen dolor en el pecho, síncope, pre-síncope, palpitaciones o nuevos signos de insuficiencia cardíaca. Se desconocen las consecuencias a largo plazo y el pronóstico del daño miocárdico durante el COVID-19; sin embargo, después de la epidemia inicial de SARS-CoV-1 en 2002, se reportaron manifestaciones cardíacas y pulmonares cróni-
cas luego de la recuperación, por lo que parece razonable esperar lo mismo con SARS-CoV-244,45,46,47,48 .

Estudios con imágenes de resonancia magnética nuclear
(RMN), obtenidas una media de 71 días después del diag-
nóstico de COVID-19; han revelado compromiso cardíaco
en el 78% e inflamación del miocardio en curso en el 60%49.
Pero más recientemente, ese número ha sido cuestionado
hallando tan solo una prevalencia del 1,4% en pacientes
que cursaron la enfermedad en forma leve a moderada, lo
que sugiere que este método debería reservarse para los
casos graves o críticos50. De cualquier forma, debe desta-
carse que el estudio sobre la mejor estrategia de estratifica-
ción de nuestros pacientes será de vital importancia para
determinar el uso de métodos complementarios51.

El tiempo de persistencia y las consecuencias de estos ha-
llazgos imagenológicos aún no se conocen y se requiere de
un seguimiento más prolongado. Sin embargo, el aumento
de la incidencia de insuficiencia cardíaca como secuela im-
portante de COVID-19 es preocupante, con considerables
implicaciones potenciales para la población de adultos

mayores, particularmente en aquellos con antecedentes o
factores de riesgo de enfermedad cardiovascular52. Sin em-
bargo, estos hallazgos también se observaron en pacientes
más jóvenes y previamente sanos, incluidos los deportis-
tas53. La disfunción sistólica del ventrículo izquierdo y
la insuficiencia cardíaca post-COVID-19 debe tratarse de
acuerdo con las guías de tratamiento actuales. Se debe evi-
tar el ejercicio cardiovascular intenso durante tres meses
en todos los casos con diagnóstico de miocarditis o peri-
carditis. Se recomienda a los atletas que tomen de tres a
seis meses de descanso completo del entrenamiento car-
diovascular y se sometan a seguimiento y monitoreo es-
pecializado, con el regreso al deporte guiado por el estado
funcional, biomarcadores, ausencia de arritmias y eviden-
cia de función sistólica ventricular izquierda normal54,55.
Aunque la disfunción cardíaca que se ha observado es de
grado leve y en su mayoría reversible, es posible supo-
ner que los sobrevivientes de COVID-19 serán más vul-
nerables a la morbilidad cardíaca a largo plazo. La lesión
miocárdica, como resultado de trombosis microvascular o
lesión viral directa de los miocitos, junto con la resistencia
a la insulina, la hipertensión arterial y el síndrome car-
diometabólico pueden producir o incrementar la fibrosis
miocárdica, alteración de la relajación diastólica e insu-
ficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada o
reducida (ICFEp o ICFEr).

En un estudio de una cohorte alemana recientemente re-
cuperada de la infección por COVID-19, la RMN reveló
compromiso cardíaco en 78 pacientes (78%) e inflamación
miocárdica en curso en 60 (60%), independientemente del
tiempo desde el diagnóstico y de las condiciones, grave-
dad y curso general de la enfermedad aguda. Estos hallaz-
gos indican la necesidad de una investigación continua y
a largo plazo por las eventuales consecuencias cardiovas-
culares56. En contraste, una revisión de la literatura iden-
tificando 277 corazones con autopsia, en 22 publicaciones
separadas de pacientes positivos para COVID-19, con una
mediana de edad de 75 años, donde el 97,6% presentaba
una o más comorbilidades, se observó que la miocarditis
estaba presente en 20 (7,2%). Sin embargo, un examen más
detenido de la información adicional reportada reveló
que la mayoría de los casos probablemente no eran fun-
cionalmente significativos y que la verdadera prevalencia
de miocarditis probablemente sea mucho menor (<2%).
En el 47,8% de los casos se informó al menos un hallaz-
go histopatológico cardiovascular agudo, potencialmente
relacionado con COVID-19, como trombos macro o micro-
vasculares, inflamación o megacariocitos intraluminales.
Se produjeron diferencias significativas en el informe de
los hallazgos histopatológicos entre los estudios, lo que
indica fuertes sesgos en las observaciones y la necesidad
de un mayor detalle en los informes. En conclusión, los
hallazgoshistopatológicoscardíacosrelacionadoscon
COVID-19 son comunes, mientras que la miocarditis pa-
recería ser un hallazgo poco frecuente57.

Sin dudas que el seguimiento longitudinal clínico, con


pruebas fisiológicas y de imagen multimodales serán im-
portante para describir el verdadero alcance de enferme-
dad cardíaca adquirida por COVID-19.

Hallazgos Pulmonares

En un estudio de 55 pacientes con COVID-19, 3 meses des-
pués del alta, 35 (64%) presentaban síntomas persistentes y 39
(71%) tuvieron anomalías consistentes con disfunción pulmo-
nar, como engrosamiento intersticial y evidencia de fibrosis en
la radiología de tórax. El 25% presentaba una capacidad de
difusión disminuida para monóxido de carbono (DLCO)58.
Las condiciones pulmonares pueden incluir, además de
fibrosis pulmonar y enfermedad pulmonar restrictiva,
hipertensiónpulmonaryenfermedadtromboembólica
crónica. Todas estas condiciones causarán un deterioro
de la función pulmonar, capacidad de ejercicio y calidad
de vida59. Si a esto le sumamos el compromiso pulmonar
previo y el de patologías extrapulmonares, como la insufi-
ciencia cardíaca, el panorama empeora aún más60.

Aproximadamente un tercio de los sobrevivientes persis-
ten con una función pulmonar anormal tras haber cursa-
do la enfermedad61. Se ha observado en los sobrevivientes
una capacidad al ejercicio por debajo de la población ge-
neral y que parecería reducirse desproporcionadamente,
en comparación con el grado de discapacidad pulmonar
existente. Este escenario sugiere que otros factores contri-
buyentes, como la miopatía por esteroides, enfermedad
neuropàtica crítica y pérdida de condición física pueden
contribuir a la discapacidad62. Dada la extensión de lesión
epitelial alveolar, angiopatía microvascular y duración de
la sedación profunda en la unidad de cuidados intensivos
en los sobrevivientes de formas graves o críticas, parece
razonable anticipar discapacidades más graves que per-
sisten más allá de la pandemia actual63.

Hallazgos neurológicos

La viremia producida por elSARS-CoV-2 puede pene-
trar al tejido cerebral y también, por invasión directa del
nervio olfatorio, conduce a anosmia. Los síntomas neuro-
lógicos a largo plazo más comunes son dolor de cabeza,
vértigo y disfunción quimiosensorial (anosmia y ageusia).
El accidente cerebrovascular es una consecuencia poco co-
mún del COVID-19. Algún grado de encefalitis, convul-
siones y otros condiciones tales como grandes cambios de
humor y "niebla mental" han sido informados hasta 2 a 3
meses después del inicio inicial de la enfermedad64.

Estrategia de seguimiento

Luego de una historia y un examen minucioso, los análi-
sis de sangre deben solicitarse de forma selectiva y para
indicaciones clínicas específicas. En algunos casos es po-
sible que el paciente sólo requiera una rutina simple de
control. En otros casos, se han detectado anormalidades
en diversos biomarcadores que pueden indicardiferentes
compromisos, incluyendo: proteína C reactiva (infección
aguda), recuento de glóbulos blancos (infección o res-

puesta inflamatoria), péptidos natriuréticos (insuficiencia
cardíaca), ferritina (inflamación y estado protrombótico
continuo), troponina (síndrome coronario agudo o mio-
carditis) y dímero D (enfermedad tromboembólica)65. Las
pruebas de troponina y dímero D pueden ser falsamente
positivas, pero un resultado negativo puede reducir la in-
certidumbre clínica. Es probable que nuevas investigacio-
nes perfeccionen las indicaciones y la interpretación de las
pruebas de diagnóstico y monitorización en el seguimien-
to del COVID-19. En algunas circunstancias clínicas sería
recomendable un seguimiento con laboratorio ampliado
con marcadores inflamatorios y biomarcadores (troponi-
nas y pro-BNP) a fin de evaluar múltiples vías, la infla-
matoria, la hemodinámica, o la lesión miocárdica que per-
mitan comprender y seguir mejor esta condición clínica66.
La persistencia de síntomas con biomarcadores positivos
debería gatillar estrategias de estudios en función de la sos-
pecha clínica. Desde el punto de vista de la imagenología,
una evaluación integral con ecocardiograma bidimensional
Doppler color es recomendada, con especial énfasis en la me-
dición de la presencia de disfunción sistólica del ventrículo
izquierdo, identificación de disfunción diastólica, búsque-
da de signos de hipertensión pulmonar y evaluación de la
función del ventrículo derecho. El uso del strain rate podría
orientarnos a la necesidad de solicitar una RMN cardiaca a
fin de detectar eventual compromiso cardiaco residual.

El ecocardiograma portátil para seguimiento pulmonar
y cardiaco en el ámbito ambulatorio sería una propuesta

accesible, reproducible y económica (con el entrenamiento
adecuado) para observar el grado de congestión pulmonar
y descartar complicaciones asociadas67. Se puede realizar
tomografía computarizada para detectar evidencia de fi-
brosis pulmonar o signos de enfermedad tromboembólica.
Además, si la evaluación clínica lo indica, debiéramos uti-
lizar la espirometría con medición de la DLCO, evaluación
de la capacidad funcional que incluya la prueba de marcha
de 6 minutos y un score de calidad de vida. Ante la sos-
pecha clínica y/o aumento de biomarcadores que sugieran
la presencia eventual de un tromboembolismo pulmonar,
debería considerarse la evaluación con imágenes (angioto-
mografía o centellografía ventilación-perfusión), así como
una ecografía Doppler periférica para descartar la presen-
cia de trombosis venosa profunda. Los estudios de ejercicio
cardiopulmonar podrían ser realizados como un punto de
referencia para seguimiento del deterioro cardiovascular en
aquellos pacientes en los que estuviera indicado68.

Algoritmo propuesto

Para el seguimiento post-COVID, se sugiere inicialmente
considerar la presencia de comorbilidades de origen cardio-
vascular (cardiopatía isquémica, obesidad, insuficiencia car-
díaca, hipertensión arterial, diabetes) así como las no cardio-
vasculares (EPOC, asma, alteraciones tiroideas, enfermeda-
des reumatológicas o insuficiencia renal) que condicionarían
la evolución, no sólo de la etapa aguda de la infección viral,
sino también del llamado síndrome post COVID (Figura 1).


Algoritmo de seguimiento post-COVID-19. La clasificación de riesgo corresponde a la descripta por la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) (Sibila O, 2020). la cual incorpora al tromboembolismo pulmonar, accidente cerebro-vascular, síndrome coronario agudo que se presentan en con-
texto de infección por SARS CoV-2al sub-grupo de categoría severa.

HTA: hipertensión arterial; DBT: diabetes mellitus; EPOC: enfermedad pulmonar crónica; IR: insuficiencia renal; Enf: enfermedades; PA: presión arterial; FC: frecuencia cardíaca; FR:
frecuencia respiratoria; CF: clase funcional; SvO2: saturación venosa de oxígeno; Lab Rutina: hemograma, ionograma, función renal y hepática; Panel Inflamatorio: PCR, fibrinógeno,
ferritina; BM: dímero-D, troponinas, NT-ProBNP; SPC: Síndrome post-COVID; TC: Tomografía computada; MAPA: Monitoreo ambulatorio de la presión arterial; TECP: Test de ejercicio
cardiopulmonar; RNM: resonancia nuclear magnética; AngioTC: angiotomografía, ECO venos MI: eco Doppler venosos de miembros inferiores; PM6M: prueba de la marcha de 6 minutos.


El siguiente paso es realizar una estratificación de riesgo
acorde al cuadro clínico que caracterizó el curso de la en-
fermedad69. Los controles posteriores al alta seprograma-
ran más próximos o alejados dependiendo de la gravedad
del cuadro infeccioso previo. Durante la primera consulta
de control, el examen físico exhaustivo es mandatorio, in-
cluyendo la medición de la presión arterial, frecuencia car-
díaca, frecuencia respiratoria, temperatura, saturación de
oxígeno y evaluación de la clase funcional. En presencia
de comorbilidades éstas se manejaran siguiendo las actua-
les guias sobre esas patologías.

Todos los pacientes, independiente de la historia de gra-
vedad de la enfermedad infecciosa,se someterán a una
evaluación básica que incluya electrocardiograma, radio-
grafía de tórax y laboratorio de rutina. Los pacientes con
un cuadro clínico infeccioso asintomático o leve y que no
desarrollen un síndrome post COVID no requerirán estu-
dios ulteriores. Por el contrario, los que presentan ante-
cedentes de cuadros infecciosos más graves, tengan o no
síndrome post covid, requerirán un examen ampliado que
abarcara: 1-panel inflamatorio y dosaje de biomarcadores,
2-evaluación cardiológica con ecocardiograma Doppler
con evaluación de strain y 3-evaluación neumológica con
espirometría y tomografía de tórax. Si esta la evaluación
avanzada rutinaria resulta con hallazgos anormales, ga-
tillaría evaluaciones adicionales basadas enlos hallazgos
previos y la clínica del paciente, y podrían incluir la rea-
lización de Holter, monitoreo ambulatorio de la presión
arterial, test de ejercicio cardiopulmonar, RMN cardiaca,
angioTAC pulmonar, eco venoso de miembros inferiores,
etc. La presencia de un síndrome post-COVID requerirá
de la evaluación adicional con test cognitivo (Montreal),
un test funcional (caminata de 6 minutos) y un cuestio-
nario de calidad de vida. El control posterior dependerá
de los resultados clínicos y hallazgos obtenidos, pudiendo
continuar con chequeos clínicos, laboratorios y si el crite-
rio medico lo indica, seguimiento imagenológico70. Des-
tacamos que en esta propuesta de seguimiento la clínica
debe tener mayor impacto que una anormalidad aislada
de laboratorio, el aumento de un biomarcador o un hallaz-
go patológico en algún método de imagen. El uso criterio-
so de los métodos de seguimiento debe ser orientado por
el juicio clínico, con el fin de evitar someter a los pacientes
a estudios innecesarios ni generar gastos excesivos al ya
exigido sistema sanitario.

CONCLUSIONES

El COVID-19 post-agudo (o COVID largo) constituye una
enfermedad multisistémica que requiere un abordaje mul-
tidisciplinario. Su presencia en la consulta ambulatoria se
incrementa con el avance de la pandemia a nivel mundial.
Las comorbilidades, la estratificación del cuadro clínico
que caracterizo el cuadro agudo (incluido los casos leves),
la presencia o ausencia de un síndrome post-COVID (SPC)
y la evolución alejada constituyen elementos que deben ser

jerarquizados al momento de evaluar a nuestros pacientes.

El escenario que se presenta resulta desafiante, y en mu-
chos aspectos desconocidos, a lo que se suma el hecho
que en los tiempos que corren, las estrategias sugeridas
se basan más en la experiencia que en evidencia científica.
Por ello, el algoritmo propuesto dista de ser un dogma de
manejo para estos pacientes y sólo intenta ordenar nues-
tra tarea en el momento actual, ayudando a la toma de
decisiones, y se encuentra sujeta a las modificaciones que
inexorablemente sucederán en el futuro. El empleo crite-
rioso de la información recolectada, sumado a la clínica y
los antecedentes individuales serán el pilar para la toma
de decisiones. Cada paciente es “único” en su presenta-
ción clínica y evolución.

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